Me informan – con buena tinta - que algún servicio de algún Ayuntamiento del Nalón tiene un absentismo laboral del 46 por ciento. Si además paseamos en horas valle por nuestro Valle, observaremos también la dilatación de los veinte minutos del “bocadillo” a más de media hora e incluso a una hora.
¿Hay alguna empresa que pueda resistir el desatino? Hablo de empresas normales del mismo Valle y no de las chinas con su economía de mercado comunista (¿?) que vilmente hace paradigma de la esclavitud de los empleados. Entre éstas y el mentado ayuntamiento, media un abismo económico y de relaciones laborales, sociales y económicas.
Hace años se ponía a HUNOSA como ejemplo de mal funcionamiento y dejadez, derroche y malas costumbres y se iba un poco más lejos y se echaba la culpa de la situación a los sindicatos. Sindicatos a quien todo el mundo acudía en el tajo a que le solucionaran los problemas, y sindicatos a los que se ponía a caldo en el chigre.
Pero a lo que iba. En HUNOSA, empresa prototipo de peligrosidad y malas condiciones laborales, en sus mejores momentos de absentismo llegaba a poco más del diez por ciento, en todo caso menos del 15 %. Y había conflictos contra todo lo que se meneaba, personal afanoso y otros con dos empleos, hierba en el mes de junio y manzana en septiembre que había que retirar, solteros que hacían la compra por la mañana o por la tarde, puestos de trabajo enfermizos y sumamente peligrosos, penosos, ingratos y difíciles, etc.
Con todo, para bajar el abandono laboral se instauró un sistema que consistía en varios (pocos) inspectores que mantenían una estrecha relación con los servicios médicos – que al fin y la postre son los que dan las bajas – y la administración central de la empresa.
Vuelvo a un símil que me encanta: el ajedrez: En este arte-juego-ciencia, es más temible la amenaza que la ejecución de la jugada. Como en la vida misma. Solamente la noticia de la llegada de inspectores a vigilar que con una lumbalgia no se puede estar cavando la huerta, que con una depresión no se debe estar tres meses de vacaciones en casa de alguien (pongamos al familiar que deseemos) por el Levante, que una gripe dura 10 días o que el alcoholismo no es excusa. Sin extorsionar a nadie ni ser muy duros ni tampoco muy permisivo.
De otra parte, ese ayuntamiento debería también de controlar las salidas y entradas de los funcionarios. Las horas de compra, las horas de comida y llegadas del autobús, las estancias en las cafeterías y chigres circundantes. Hay empresas con salas para el café y el cigarrillo y no van a la quiebra, y sobretodo, hay trabajadores que ven como sus compañeros tienen bula para ausentarse a comer o a cortejar mientras ellos curran el doble, y se crea mal ambiente y se paga. A la corta o a la larga, se paga.
Hace unos días, El Roto y otra más de sus genialidades que a diario publica El País, escenificaba un pensamiento: “no toquéis el caos, no vayamos a desestabilizarlo”. Evidentemente es un sarcasmo. Estoy seguro que los políticos – quienes sean y del grupo que sean – que tomen el toro por los cuernos y lo sepan vender a la ciudadanía, ganarán votos, que es lo que más desean.
Hace unos días, me pasé más de una hora entre las 12:30 y las 14, llamando a un departamento poblado de funcionarios – NO de un ayuntamiento – y nadie respondió. Y eso lo pagamos todos, los funcionarios incluidos.
¿Hay alguna empresa que pueda resistir el desatino? Hablo de empresas normales del mismo Valle y no de las chinas con su economía de mercado comunista (¿?) que vilmente hace paradigma de la esclavitud de los empleados. Entre éstas y el mentado ayuntamiento, media un abismo económico y de relaciones laborales, sociales y económicas.
Hace años se ponía a HUNOSA como ejemplo de mal funcionamiento y dejadez, derroche y malas costumbres y se iba un poco más lejos y se echaba la culpa de la situación a los sindicatos. Sindicatos a quien todo el mundo acudía en el tajo a que le solucionaran los problemas, y sindicatos a los que se ponía a caldo en el chigre.
Pero a lo que iba. En HUNOSA, empresa prototipo de peligrosidad y malas condiciones laborales, en sus mejores momentos de absentismo llegaba a poco más del diez por ciento, en todo caso menos del 15 %. Y había conflictos contra todo lo que se meneaba, personal afanoso y otros con dos empleos, hierba en el mes de junio y manzana en septiembre que había que retirar, solteros que hacían la compra por la mañana o por la tarde, puestos de trabajo enfermizos y sumamente peligrosos, penosos, ingratos y difíciles, etc.
Con todo, para bajar el abandono laboral se instauró un sistema que consistía en varios (pocos) inspectores que mantenían una estrecha relación con los servicios médicos – que al fin y la postre son los que dan las bajas – y la administración central de la empresa.
Vuelvo a un símil que me encanta: el ajedrez: En este arte-juego-ciencia, es más temible la amenaza que la ejecución de la jugada. Como en la vida misma. Solamente la noticia de la llegada de inspectores a vigilar que con una lumbalgia no se puede estar cavando la huerta, que con una depresión no se debe estar tres meses de vacaciones en casa de alguien (pongamos al familiar que deseemos) por el Levante, que una gripe dura 10 días o que el alcoholismo no es excusa. Sin extorsionar a nadie ni ser muy duros ni tampoco muy permisivo.
De otra parte, ese ayuntamiento debería también de controlar las salidas y entradas de los funcionarios. Las horas de compra, las horas de comida y llegadas del autobús, las estancias en las cafeterías y chigres circundantes. Hay empresas con salas para el café y el cigarrillo y no van a la quiebra, y sobretodo, hay trabajadores que ven como sus compañeros tienen bula para ausentarse a comer o a cortejar mientras ellos curran el doble, y se crea mal ambiente y se paga. A la corta o a la larga, se paga.
Hace unos días, El Roto y otra más de sus genialidades que a diario publica El País, escenificaba un pensamiento: “no toquéis el caos, no vayamos a desestabilizarlo”. Evidentemente es un sarcasmo. Estoy seguro que los políticos – quienes sean y del grupo que sean – que tomen el toro por los cuernos y lo sepan vender a la ciudadanía, ganarán votos, que es lo que más desean.
Hace unos días, me pasé más de una hora entre las 12:30 y las 14, llamando a un departamento poblado de funcionarios – NO de un ayuntamiento – y nadie respondió. Y eso lo pagamos todos, los funcionarios incluidos.
