Imagen del diario Público del 21 N Cada año por estas fechas una vieja sábana, raída y asquerosa flota en el aire, levita y baja y sube de nuevo con su ovalada forma superior y sus agujeritos negros y redondos como los ojos de los cerdos, que le dan su tétrico aspecto. Y dentro, el fantasma del mayor genocida de la Historia de España: Franco.
Cada año por estas fechas el Valle de los Caídos, en Cuelgamuros, reúne a los nostálgicos del frankismo en torno a una supuesta misa, en un acto de exaltación indigno y prohibido por ley pero que se saltan todos a la torera, incluidas las fuerzas de seguridad presentes. Y esto con un gobierno socialista, temeroso de los sacristanes, de los misales y de las reliquias. ¿Pasaría lo mismo en Alemania o Italia? Pues si, también pasa. Lo que nos duele a los curritos, es que si nosotros hacemos una manifestación no consentida o no permitida, sin que llegue a ser ilegal, nos apalean y los cabecillas a la comisaría primero y a los juzgados más tarde y a las multas luego. Y duele, de la misma forma que duele ver el espectáculo y a esas gentes que añoran un pasado indeseable.
Cada año por estas fechas nos vuelven a contar que la gran cruz y su basílica, es un monumento a todos los caídos en la guerra civil. Carcajada. Y si así fuera ¿Qué hacen las víctimas enterradas con el verdugo? Si existiera un infierno diferente al que se padece en la tierra, cosa poco probable, y ese infierno fuera como nos pintan los libros del cristianismo, al alma de Paco estará escondida y en constante huida, perseguida por el alma de muchísimas de sus víctimas. Esto es imposible. Otra prueba mas de la inexistencia de un infierno en el más allá. Bastante tenemos con el superficial y cotidiano. Y con la televisión.
Cada año por estas fechas doy en pensar (en la medida de mis pocas posibilidades de hacerlo) que toda esta gente no tiene ideología y que es una pose más de una sociedad en extinción, de un grupo de impresentables con añoranza de un pasado que agoniza y que deseo se convierta en humo en menos de un lustro o una década. De todas formas son predecibles y preferibles a todos los que se encuentran emboscados en partidos mayoritarios y que se hacen llamar liberales o centristas según convenga a la ocasión. Estos son los peligrosos. Los fascistillas de pacotilla sólo son vehementes y esforzados, incluso coherentes.
Cada año por estas fechas y cuando veo a este puñado de personas recordando su pasado de persecución y muerte, pienso en los miles de personas que seguimos sin saber dónde están los restos de nuestros familiares desaparecidos a miles en agosto del 36. De todos los muertos cuyo delito fue defender un estado democrático, con sus carencias y sus logros y que nos llevaba hacia una incipiente Europa con menos caciquismo, con más igualdad y más educación. Un gobierno que pretendía acabar con las dos Españas y con aquella tropa de “miraombligos” intransigentes, devotos del ordeno y mando y en posesión de la verdad absoluta.
Cada año por estas fechas veo la caverna mediática tratando de reinventar en el siglo XXI los años 40 del pasado. Y también veo a una caterva de seudo-historiadores y plumillas mercenarias, tratando de engañar a la peña. Peña que en su mayoría prefiere creer en “gran hermano” y en el “diario” y en “trancas y barrancas”, peña que jamás oyó hablar de Preston, Brenan, Otero Carvajal, Angosto, Abella y Nart, Townson, etc., etc. Y tambien me apena – pero muy poco – que tuviéramos que repetir la Historia por no conocerla. Sería muy triste y creo que está superada, porque caso contrario, la historia se repite como farsa y ya hemos tenido bastante con el 23 F.
Cada año por estas fechas el Valle de los Caídos, en Cuelgamuros, reúne a los nostálgicos del frankismo en torno a una supuesta misa, en un acto de exaltación indigno y prohibido por ley pero que se saltan todos a la torera, incluidas las fuerzas de seguridad presentes. Y esto con un gobierno socialista, temeroso de los sacristanes, de los misales y de las reliquias. ¿Pasaría lo mismo en Alemania o Italia? Pues si, también pasa. Lo que nos duele a los curritos, es que si nosotros hacemos una manifestación no consentida o no permitida, sin que llegue a ser ilegal, nos apalean y los cabecillas a la comisaría primero y a los juzgados más tarde y a las multas luego. Y duele, de la misma forma que duele ver el espectáculo y a esas gentes que añoran un pasado indeseable.
Cada año por estas fechas nos vuelven a contar que la gran cruz y su basílica, es un monumento a todos los caídos en la guerra civil. Carcajada. Y si así fuera ¿Qué hacen las víctimas enterradas con el verdugo? Si existiera un infierno diferente al que se padece en la tierra, cosa poco probable, y ese infierno fuera como nos pintan los libros del cristianismo, al alma de Paco estará escondida y en constante huida, perseguida por el alma de muchísimas de sus víctimas. Esto es imposible. Otra prueba mas de la inexistencia de un infierno en el más allá. Bastante tenemos con el superficial y cotidiano. Y con la televisión.
Cada año por estas fechas doy en pensar (en la medida de mis pocas posibilidades de hacerlo) que toda esta gente no tiene ideología y que es una pose más de una sociedad en extinción, de un grupo de impresentables con añoranza de un pasado que agoniza y que deseo se convierta en humo en menos de un lustro o una década. De todas formas son predecibles y preferibles a todos los que se encuentran emboscados en partidos mayoritarios y que se hacen llamar liberales o centristas según convenga a la ocasión. Estos son los peligrosos. Los fascistillas de pacotilla sólo son vehementes y esforzados, incluso coherentes.
Cada año por estas fechas y cuando veo a este puñado de personas recordando su pasado de persecución y muerte, pienso en los miles de personas que seguimos sin saber dónde están los restos de nuestros familiares desaparecidos a miles en agosto del 36. De todos los muertos cuyo delito fue defender un estado democrático, con sus carencias y sus logros y que nos llevaba hacia una incipiente Europa con menos caciquismo, con más igualdad y más educación. Un gobierno que pretendía acabar con las dos Españas y con aquella tropa de “miraombligos” intransigentes, devotos del ordeno y mando y en posesión de la verdad absoluta.
Cada año por estas fechas veo la caverna mediática tratando de reinventar en el siglo XXI los años 40 del pasado. Y también veo a una caterva de seudo-historiadores y plumillas mercenarias, tratando de engañar a la peña. Peña que en su mayoría prefiere creer en “gran hermano” y en el “diario” y en “trancas y barrancas”, peña que jamás oyó hablar de Preston, Brenan, Otero Carvajal, Angosto, Abella y Nart, Townson, etc., etc. Y tambien me apena – pero muy poco – que tuviéramos que repetir la Historia por no conocerla. Sería muy triste y creo que está superada, porque caso contrario, la historia se repite como farsa y ya hemos tenido bastante con el 23 F.

