Durante unos meses y hasta hace pocos días, lucía en pleno Parque un graffiti que decía: “Se dan palizas gratis, informes en el 091”. ¡Ah, que tiempos aquellos en que no necesitabas pedir información¡ A la mínima hostiaban a trabajadores, disidentes o estudiantes. Lo que hiciera falta menos entre ellos, que perro jamás come perro. Todos recordamos aquellos tiempos y muchos los añoran y una y otra vez, vuelven por sus fueros. La democracia está hurtándoles parte de su esencia y no les gusta.
Recuerdo aquellos tiempos en que íbamos de la Joécara al Frailín y nos encontrábamos primero con la Colonia del Fondón, do se ubica en la actualidad la “Marea Roja”, donde se instalaban los autocares de los grises que venían a hostiar a los mineros por sus huelgas, y pasábamos por delante del tétrico cuartel de la Guardia Civil y el respeto que nos debemos tener todos, se trocaba en temor por ósmosis paterno filial. ¡Ah, que tiempos aquellos en que no necesitaban pedir información¡
Llevamos pues unos días de videos en televisión, viendo como unos policías estadounidenses, apalean a un delincuente tirado en una cuneta (también se la llama arcén, sin hache, mi cabo) tras una de esas persecuciones tan “USA de película”, y pensamos: eso sólo pasa en Estados Unidos, donde suele ser habitual y sobretodo cuando los apaleados son negros. Y mirando, mirando, vemos a los “mossos d’ escuadra” catalanes haciendo de las mismas, pero en comisaría. A la menor incitación, saltan cuatro energúmenos sobre un tipo que les provoca, y le dan una paliza tremenda. Pasa en Cataluña y varias veces al año. Pena, porque se generalizará sobretodo cuando las palizas salen a 150 euros por barba. Muchos sentirán la tentación de dar rienda suelta a sus instintos, sobretodo, aquellos que llegaron al cuerpo guiados por sus instintos.
Está volviendo aquella estética cutre a más no poder, de los pantalones por dentro de las polainas y las gafas de sol “raibán” de cristales ovalados y oscuros para ver sin que se vea la dirección de la mirada, que para eso son autoridad. El mentón levantado, más alto que la nariz, la gorra calada hasta las cejas y una mano en el cinturón, cerquita de la pistola. La imagen cutre que daban aquellos guardianes de la película americana de los sesenta: La Leyenda del Indomable, protagonizada por Paul Newman, cuya desgracia comenzaba por arrancar los parquímetros en estado de embriaguez y finalizaba con una muerte buscando la libertad.
Yo vuelvo a mi teoría del diez por ciento social y los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado no podían ser menos y de la misma forma que abunda en su seno la bondad por mayoría, hay dentro un porcentaje de indeseables y un porcentaje del porcentaje, de delincuentes.
Entiendo que están para hacer cumplir las leyes – a todos – y que tienen poco resquicio para la interpretación de las mismas, que para eso ya están los tribunales, pero esa interpretación no les hace garantes ni depositarios de la razón absoluta y el mismo hueco que se les otorga, deben permitirlo ellos cuando nos encaran a la sociedad civil, que mas de una vez parece que nos tratan como delincuentes.
Si alguien tiene cuentas pendientes, que las pague o se las hagan pagar. Mientras tanto, ellos funcionarios y nosotros ciudadanos y unos, están al servicio de otros. A ver si es que alguien se olvida o nos lo quiere hacer olvidar.
Y en otro orden de cosas, al tiempo que escribo estas líneas, los hijopETAs retrógrados y cobardes han asesinado a otra persona que velaba por la paz y la seguridad y en definitiva por nosotros.
Mi más sentido pésame a los cuerpos y fuerzas de seguridad.
